A ver, repasemos….No redacté el pasado artículo para convertirme en una persona a quien tenerle lástima por la loca de su madre.
Todos sabemos muy bien que la locura de una madre es conocimiento general, y habita en cada casa. No necesito, ni mucho menos quiero la “ayuda” de nadie… ¿Quién podría pensar que debería ayudarme “de mi madre”? ¿Por qué?
Por favor, intentemos dejar a un lado las reacciones en masa generalizadas, de actuar como si tuviéramos espíritu caritativo y reconozcamos el egoísmo del ser humano, es divertido. Saquémonos las caretas, el jean Levi’s y veamos qué hacen las locas de nuestras madres por nosotros día a día. Son ejemplares para imitar.
Agradezco su mención de que “están ahi para cuando los necesite”. Pero tomen nota: más digno es simplemente saber que están ahí siempre, sin preguntar ni decirlo.
Este es un artículo para meditar sobre quiénes somos, afuera de nuestro barrio y nuestra adolescencia tardía. Meditar cómo nos enfrentamos al mundo, sobrevivimos por nuestra cuenta y nos lavamos el culito (por decirlo de algún modo).
¿Sos capaz de admitir que te vales por ti mismo? Piénsalo. O tenés las “bolas de acero” (como yo las llamo) y enfrentas la realidad que dibujas cada mañana?
Anímense, salgan de la burbuja, hay mucho por explorar…